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Análisis de las técnicas de aprovechamiento de biomasa en América Latina

Propósito y lectura sectorial

El artículo revisa experiencias y técnicas de aprovechamiento energético de biomasa en América Latina, con foco en residuos agrícolas, urbanos y forestales, así como cultivos energéticos. La lectura sectorial para la bioeconomía forestal es clara: la biomasa puede ser un “segundo flujo” de valor para la cadena madera (cortezas, astillas, aserrín, recortes y ramas), aportando energía y reducción de emisiones, pero su captura económica depende de calidad del combustible, logística, tecnología (calderas/digestores/gasificación) y marcos normativos. En ausencia de estándares y trazabilidad, el uso energético puede competir con la materialidad (tableros, pulpa, productos de ingeniería) y generar riesgos de calidad del aire (leña húmeda).

Principales cifras y estadísticas

  • Argentina: se reportan ~60–80 instalaciones de biomasa, con ~20 plantas de gran envergadura orientadas a gestión de residuos urbanos y producción de biogás (con proyectos en múltiples provincias).
  • Brasil: la biomasa aporta 17,5% de la electricidad y 23% del transporte; se apoya en caña de azúcar (electricidad y etanol) y en leña/carbón vegetal para industria siderúrgica y generación. Se listan grandes plantas a biomasa como Suzano (1177 MW), Klabin (515 MW), Tereos (367 MW) y otras.
  • Colombia: en 2017 se cita que residuos forestales y agrícolas representaban 17% de la matriz energética nacional. Ejemplos: Bioenergy aporta al sistema al menos 19 MWh; RefoEnergy (Puerto Carreño) reporta reducción de 50.000 tCO₂/año; SmurfitKappa anuncia inversión de USD 100 millones para una caldera de biomasa que reduciría 200.000 tCO₂/año usando residuos de corteza de pino y eucalipto.
  • Bolivia: centrales que usan bagazo de caña suman 46,57 MW (hasta 2018); en 2018 la biomasa aportó 77,2 GWh al SIN (2,1% de capacidad instalada y 0,84% de generación total).
  • Chile: biomasa forestal ≈25% de la oferta en la matriz primaria; ~40% de hogares depende de leña para calefacción. Distribución del uso de biomasa forestal: 53,8% a producción eléctrica (gran industria forestal) y 46,2% a sector industrial no eléctrico (23,2%) y comercial/público/residencial (22,9%).
  • El Salvador: en 2022 la producción total de energía creció 18,7%, pero la participación renovable bajó a 76%; la biomasa representa ~15% de la matriz. Se menciona reducción del 30% en precios por inversiones en renovables.
  • Honduras: la biomasa fue 7,8% en 2017; se listan proyectos con potencias estimadas (p. ej., CAHSA 25,8 MW; Honduras Green Power Corporation 38 MW).
  • Perú: se menciona avance con 8 centrales (Lima y Piura), con alerta por falta de nuevas subastas en varios años.
  • Uruguay: 97% de la electricidad provino de renovables en 2017–2020; el país impulsa economía de hidrógeno verde.
  • Biomasa forestal (química de la leña, referencia): composición aproximada 49% carbono, 44% oxígeno, 6% hidrógeno y 0,3% nitrógeno; la humedad reduce poder calorífico y eleva costos de transporte.

Principales conclusiones del documento

  • La región muestra un avance heterogéneo: algunos países consolidan escala (Brasil, Argentina), mientras otros avanzan con pilotos y proyectos focalizados (Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú).
  • Los mayores cuellos de botella son institucionales y tecnológicos: falta de marcos legales/financieros, infraestructura logística, y equipos modernos para convertir biomasa en energía con eficiencia.
  • La biomasa entrega beneficios climáticos y de gestión de residuos (reduce metano y sustituye fósiles), y puede apoyar economías rurales y prevención de incendios al retirar excedentes forestales; pero su impacto depende de calidad del combustible (humedad, tamaño/forma) y control de emisiones.
  • Para la bioeconomía forestal, la biomasa debe insertarse en cascada: primero materialidad (productos de larga vida) y luego energía con subproductos y fin de vida, evitando ‘quemar’ madera de calidad que podría generar más valor y almacenar carbono en productos.

Recomendaciones

  • Diseñar una estrategia de ‘cascada’ para biomasa forestal: priorizar usos materiales (madera sólida, tableros, pulpa) y destinar a energía los subproductos (corteza, aserrín, astillas) y madera de fin de vida, maximizando valor agregado y almacenamiento de carbono.
  • Estandarizar calidad y trazabilidad del combustible: normas para humedad (secado), granulometría y mezcla de corteza/astilla; esto mejora eficiencia, reduce costos logísticos y disminuye emisiones locales.
  • Fortalecer MRV y sostenibilidad: inventarios de residuos forestales por región, balances de carbono (incluyendo transporte), y salvaguardas para evitar sobreextracción que afecte suelo, biodiversidad y regeneración.
  • Acelerar inversión tecnológica: calderas de alta eficiencia, cogeneración, digestión anaerobia y gasificación donde aplique; integrar control de emisiones (material particulado) en proyectos de leña/carbón para uso residencial.
  • Modelos de negocio territoriales: clústeres de bioenergía alrededor de aserraderos/pulpa y polos agroindustriales para estabilizar oferta de materia prima y reducir costos de acopio.
  • Marco regulatorio y financiamiento: incentivos claros, subastas/contratos de largo plazo para electricidad renovable, y líneas de crédito verde para reconversión de equipos y eficiencia energética.
  • Enfoque social y de salud: en países con alta dependencia de leña (p. ej., Chile), combinar biomasa con eficiencia de viviendas y estufas limpias para reducir contaminación intradomiciliaria y mejorar aceptación social.

Fuente

Peña Murillo et al. (2025). “Análisis de las técnicas de aprovechamiento de biomasa en América Latina”. DOI: 10.31876/rie.v9i1.289.

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