Forestería comunitaria: una alternativa contra la deforestación

La forestería comunitaria es una de las estrategias para contribuir a la conservación de los bosques y mitigar la deforestación en los territorios. Este modelo de conservación consiste en involucrar a las comunidades locales que dependen de los bosques, para que puedan aprender a estudiarlos y administrarlos, de tal manera que se asegure su conservación en el futuro.

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Forestería comunitaria: una alternativa contra la deforestación  

Desde hace más de tres años, cinco organizaciones comunitarias trabajan de la mano de WWF Colombia para desarrollar negocios forestales responsables, que protejan los bosques y generen alternativas económicas a sus comunidades. Te contamos su proceso. 

“Desde siempre, nuestras comunidades han vivido de los bosques. Nuestros abuelos nos enseñaban que en el bosque estaba nuestro sustento”, cuenta Wilmer Ocoró Solís, un joven integrante del Consejo Comunitario de Guapi Abajo, un territorio colectivo afrodescendiente al suroccidente del pacífico colombiano. Aunque, durante décadas los bosques de su municipio estuvieron protegidos por las tradiciones ancestrales de su pueblo, desde hace un par de años empezaron a ver cómo las especies maderables más importantes del territorio desaparecían. 

Wilmer explica que la principal causa de esta situación fue la llegada de colonos al territorio, interesados principalmente en la extracción de madera para el comercio informal. “Empezaron a incentivar a algunos miembros de la comunidad a sacar madera de manera ilegal. Acabaron con las especies valiosas como el chachajo y el chanúl. Hoy nos quedan menos áreas de bosque y hacemos lo que está en nuestras manos para cuidarlos y concientizar a nuestras comunidades para asegurarles un futuro” afirma Wilmer. 

Justamente, para combatir esta problemática, su comunidad empezó un proceso de fortalecimiento de capacidades en forestería, monitoreo comunitario y asociatividad, con el apoyo del proyecto Fortalecimiento de la Gobernanza Forestal en Colombia, del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, financiado por el Fondo Colombia Sostenible con recursos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y operado por WWF Colombia. Después de tres años, desarrollaron la Asociación para el Manejo Sostenible de los Bosques de Guapi Abajo (Asobogua), una iniciativa comunitaria que busca aprovechar los bosques de su territorio de manera sostenible, a partir del modelo de forestería comunitaria. 

Para los conocedores en el tema ambiental, la forestería comunitaria es una de las estrategias actuales para contribuir a la conservación de los bosques y mitigar la deforestación en los territorios. Básicamente, este modelo de conservación consiste en involucrar a las comunidades locales que dependen de los bosques, para que puedan aprender a estudiarlos y administrarlos, de tal manera que se asegure su conservación en el futuro. 

“Es importante entender que las comunidades viven en y de los bosques y ese uso que tradicionalmente han hecho va a seguir pasando. El reto es que se haga de manera sostenible. En ese caso, a diferencia del modelo de aprovechamiento forestal tradicional en donde se talan los bosques de manera selectiva y no controlada, la forestería comunitaria busca que las comunidades puedan usar los bosques, entendiendo cuáles son los volúmenes y las cantidades justas que pueden sacarse, sin causar daño alguno en el ecosistema. Entonces, acercarlos a este tipo de modelos puede ayudar la salud ecológica de los bosques, y al tiempo brinda una alternativa económica para las comunidades” explica Johana Herrera, Oficial de Oficial de Bosques y Cambio Climático de WWF Colombia. 

Un proyecto para mitigar la deforestación 

Además de la creación de Asobogua, el proyecto Gobernanza Forestal apoyó a otras cuatro empresas forestales en el país: la Asociación de Productores Agrosilvopastoriles Sostenibles de Abibe (Asproabibe), en el municipio de San José de Apartadó; la Asociación Ecoserranía y Productores Comunitarios de Maderas (Procomad), en el municipio de Segovia, y la Asociación Agroforestal de Chucurí (ASAFCH), en Santander. Todos estos territorios escogidos por sus altos índices de deforestación. 

“Lo que buscó este proyecto fue contribuir a la Estrategia Integral para el Control de la Deforestación y la Gestión Sostenible de los Bosques 2020-2023, a través de la creación de núcleos de desarrollo forestal sostenible en zonas de alta deforestación, previamente identificados por el equipo técnico de bosques del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible” explica John Jairo Manrique, especialista Forestal de WWF Colombia, quien acompañó el proceso. 

Trabajar en estas zonas no fue tarea fácil. La labor consistió en identificar los municipios y, posteriormente, las organizaciones comunitarias que podían hacer parte del proyecto. “Fue un trabajo arduo junto al equipo técnico de la dirección de bosques de Minambiente y las corporaciones ambientales de cada región. La idea fue generar sinergias para presentar el modelo de forestería comunitaria en las comunidades y se convencieran y apropiaran de este proceso. No fue fácil, pues muchas no creían posible hacer un proyecto así, debido a los múltiples retos que se enfrentan para obtener los permisos y extraer madera de los bosques naturales de forma legal; sin embargo, hoy vemos los logros de este gran esfuerzo” añade John Manrique. 

Hoy, los resultados de este proyecto son gratificantes para las partes involucradas: 4286 hectáreas de bosque manejadas bajo el modelo de forestería comunitaria, con sus respectivos planes de manejo forestal y permisos de aprovechamiento; casi 10.000 metros cúbicos de madera legal disponibles para el mercado nacional; 220 personas capacidades en temas de control y vigilancia forestal; 20 personas más capacitadas junto a la Escuela de Artes y Oficios Santo Domingo en la transformación de residuos forestales para la elaboración de artesanías a través de técnicas de tallado; 150 familias directamente beneficiadas con las empresas forestales, y, al menos, cinco comunidades que a futuro verán los frutos económicos de estas empresas. 

Además del fortalecimiento técnico y del apoyo para la creación de las empresas forestales, el proyecto buscó abrir canales comerciales para estas empresas, entre estas, el desarrollo de múltiples ruedas de negocios forestales, donde los emprendimientos pudieron visibilizar su oferta ante distintos compradores locales y nacionales; la participación en la feria Interzum (anteriormente conocida como la Feria del Mueble y la Madera), donde pudieron conocer mejor las dinámicas del mercado nacional, así como su inscripción en la plataforma www.elijamaderalegal.com, una plataforma digital —liderada por el Pacto Intersectorial por la Madera Legal y apoyada por distintos programas internacionales como la Alianza por la Fauna y los Bosques— que busca visibilizar las empresas forestales que venden productos maderables de origen legal. 

Próximos pasos 

Aunque la forestería comunitaria no es la solución final al control de la deforestación en estos territorios, sí es un modelo de manejo eficiente y sostenible de los bosques, así como una alternativa a las otras economías locales que pueden ser perjudiciales para los bosques, como lo son la ganadería, la minería artesanal o, inclusive, los cultivos ilícitos. Sin embargo, especialistas como Edgar Mora Rodríguez, funcionario de la Dirección de Bosques, Biodiversidad y Servicios ecosistémicos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, afirman que todavía sigue siendo un gran reto posicionar este tipo de modelos económicos. 

“Se necesita de más apoyo técnico y financiero para seguir promoviendo la forestería comunitaria en el país; pues hasta ahora este tipo de procesos dependen de la cooperación y tienen el gran desafío de permanecer en el tiempo, luego de que los proyectos acaben. Además, otro gran reto es la falta de confianza de las comunidades hacia las entidades públicas. Hay mucha incredulidad y es comprensible, pues mucha gente llega a prometer muchas cosas en los territorios que se quedan solo en proyectos” afirma Mora. 

Por ahora, el mayor reto para estas empresas es el de permanecer en el tiempo, a lo que Manrique añade que es responsabilidad de todos —desde los ministerios, las corporaciones, las empresas y las ONG, hasta la misma sociedad civil que compra productos de madera— apoyar la sostenibilidad de estas organizaciones comunitarias. “Son muchos los desafíos que a diario enfrentan estas iniciativas: desde los aumentos en los costos de operación, las dificultades de extraer madera en áreas topográficamente complejas, con periodos de lluvias extensas y sin vías de acceso. Todo esto encarece los costos de la madera y, a veces, como compradores no somos conscientes de esto. Por esa razón, todos debemos apoyar, desde nuestro alcance, estas iniciativas para que puedan mejorar cada vez más sus oportunidades de negocio y como lo hacemos, comprando madera legal” explica Manrique. 

Por el momento, los líderes de las comunidades que dirigen estos negocios esperan seguir capacitándose y apostarle a que en un futuro el negocio sostenible de los bosques sea más rentable que las economías que tradicionalmente se han desarrollado en la región. “Que podamos decir que es mejor conservar el bosque y vivir de él que destruirlo. Que podamos demostrarles a las personas que vender madera legal, paga; al contrario de lo que pasa con la venta informal, donde la plata se queda en los bolsillos de los intermediarios y las comunidades, además de perder sus bosques, no ven ningún beneficio económico” añade Wilmer. 

Fuente: WWF Colombia 

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